Las vacaciones de verano son un buen momento para reflexionar sobre lo que funcionó y no funcionó durante el año académico anterior, permitiéndonos empezar el nuevo curso con energía y con nuevos objetivos. Hacer este ejercicio te ayudará a lograr un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida. Esto significa dar igual importancia a tu carrera y a tu vida personal. El equilibrio entre la vida laboral y la vida laboral es más que una frase pegadiza: es una necesidad.

Ocho Consejos para Lograr el Equilibrio entre el Trabajo y la Vida Familiar

1. La perfección no existe:

La idea del padre o madre perfecto no existe. No eres un superhéroe. Habrá momentos en que las cosas no serán perfectas. Acepta que esto está bien, no estás fallando, estás haciéndolo lo mejor que puedes. Y recuerda que en su mayor parte, el ideal de perfección que vemos en las redes sociales no es real. ¡No caigas en la trampa! La perfección es un objetivo poco realista, e intentar alcanzarlo sólo te llevará a sentirte estresado e insatisfecho.

2. Pide ayuda

Pedir ayuda no es un signo de debilidad. ¿Recuerdas el dicho “Se necesita un pueblo para criar a un niño”? ¡Es verdad! Y aún más en el caso de los padres y madres trabajadores. Todos necesitamos ayuda a veces. Coordinate con otros padres y familiares. Haz turnos para acompañar a los niños al colegio, comparte fiestas de cumpleaños y coordina tardes de juegos para que todos podais tener algo de tiempo libre.

3. Sé flexible

Entender que puede haber momentos en que tu familia te necesita más y otros momentos cuando tu trabajo requiere tu atención es esencial. Sé flexible y prepárate para volver a priorizar cuando las cosas cambien.

4. Cuídate

Para poder cuidar a los demás, debes cuidarte a ti mismo. Si no te sientes fuerte, no podrás rendir ni en casa ni en el trabajo. Recuerda dormir y comer bien, y hacer ejercicio regularmente. Muchos de nosotros nos sentimos culpables cuando nos dedicamos tiempo a nosotros mismos, pero debemos aprender a ignorar ese sentimiento. Piensa que cuidarte es el primer paso para cuidar de todo y de todos en tu vida.

5. No te sientas culpable por trabajar

Utiliza el tiempo que tienes con los niños para disfrutarlos, hacer cosas juntos y apoyarlos. No pierdas el tiempo deseando que no tuvieras que trabajar. Esos pensamientos no son útiles, especialmente si no tienes otra opción que trabajar. Se puede trabajar y ser un padre o madre estupendo ¡No dejes que nadie te diga lo contrario!

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6. Aprende a decir “no”

Para muchos de nosotros decir que no es difícil. Quizás para ti decir que no te llena de culpabilidad, te gusta quedar bien con todos, o tienes miedo de decepcionar a los demás. Sin embargo, piensa que tu tiempo y tus recursos son limitados, y deberías poner tu energía y esfuerzo en las cosas que son importantes para tí y para tu familia. Cuando te pidan algo que no puedas o no quieras hacer, dí que no. Y cuanto antes lo hagas mejor, para asi evitar el estrés innecesario. Algunas maneras de decir que no son: ‘Tristemente, tengo demasiado lío ahora mismo’, ‘me encantaría poder ayudarte pero no puedo’, ‘gracias por pensar en mí. Sin embargo, no puedo hacerlo’, o ‘lo siento, no puedo encajar esto en este momento’.  ¡Cuanto más lo hagas, más fácil será!

7. Establece expectativas claras en casa y en el trabajo

El comienzo del año académico es el momento perfecto para pasar un tiempo a solas y decidir lo que quieres lograr en los próximos meses. De igual modo, es un buen momento para celebrar ‘reuniones de expectativas’ en casa y en el trabajo. En casa, decide con tu familia lo que se espera de cada uno, las reglas y la organización de la casa durante el otoño.

En el trabajo, dependiendo de tu papel, ten una conversación parecida con tus colegas y miembros de tu equipo. Hacer esto reducirá la probabilidad de tener que decir «no» y habrá menos decepciones, malentedidos y discusiones.

8. Cambia un hábito poco saludable

Muchos de nosotros tenemos hábitos que no son los mejores para nuestra salud física y mental. Quizás bebes demasiado, no haces suficiente ejercicio, comes demasiada comida procesada, o pasas demasiado tiempo en Instagram. Mientras que no es realista intentar cambiar todos nuestros malos hábitos (o no tan buenos) a la vez, sí que es realista intentar cambiar uno. ¡Decide un hábito que te gustaría cambiar, y ve a por ello!

Te deseamos a tí y a tu familia lo mejor para el nuevo año académico. Si sientes que necesita apoyo adicional, acuerdate de contactar con tu experto de REC Parenting. Si todavía no lo tienes, ponte en contacto con nosotros!

Estamos aquí para apoyarte a tí y a tu familia!

Ana

Dr Ana Aznar

Una de las habilidades más importantes que podemos enseñar a nuestros hijos es la competencia emocional. Los niños que son emocionalmente competentes suelen ir mejor en el colegio, tienen más amigos, se llevan mejor con sus profesores y suelen ayudar más a los demás.

¿Qué es exactamente la competencia emocional? Es la habilidad de entender, expresar y regular nuestras emociones. Los padres podemos ayudar a nuestros hijos a ser emocionalmente competentes hablando sobre emociones con ellos. Cuanto más hablemos sobre emociones con nuestros hijos, más emocionalmente competentes serán.

¿Cómo hablar con tu hijo sobre emociones? Aquí te dejamos algunas ideas:   

Estoy aquí para tí, sientas lo que sientas

Los niños experimentan muchas emociones y a veces estas emociones están acompañadas por culpa o vergüenza. Imaginemos, por ejemplo, que un niño está increíblemente celoso porque su mejor amigo entró en el equipo de fútbol del colegio y él, no. También puede sentirse avergonzado o culpable porque sabe que no debería estar celoso. Si le decimos que estamos a su lado sin importar lo que él sienta, le estamos permitiendo sentir lo que sea que esté sintiendo. De esta manera puede que se abra y discuta sus sentimientos con nosotros o con otras personas. Esto es increíblemente positivo para su salud mental

¿Por qué te portas así? Pensemos en cómo te sientes.

La forma en que nos comportamos es el resultado de nuestras emociones. Por lo tanto, es importante que ayudemos a nuestros hijos a entender que dependiendo de cómo se sientan, se comportarán de una u otra manera. Por ejemplo, si explicamos a nuestro hijo adolescente que cuando no duerme lo suficiente, se vuelve muy irritable, puede elegir no acostarse antes (como suelen hacer los adolescentes), pero al menos será consciente de este vínculo entre sus emociones y su comportamiento. Ahora al menos tiene la información para decidir si cuando tenga un día importante por delante, quiere irse a dormir temprano.

Lo que sientes ahora mismo no durará para siempre.

A veces los niños experimentan sentimientos negativos intensos (por ejemplo, tristeza, ira, celos…) y piensan que se sentirán así para siempre. Es muy importante enseñarles que los sentimientos no duran para siempre, y que su intensidad disminuye con el paso del tiempo. Esta es una idea muy importante que debemos enseñar a los niños porque a veces se sienten muy mal y creen que esas emociones nunca desaparecerán. Al decirles que esos sentimientos no durarán para siempre, les estamos protegiendo contra comportamientos perjudiciales como las autolesiones.

Está bien sentir lo que sientes.

Niños y adolescentes quieren encajar en el grupo. Necesitan sentir que son ‘normales’. Al decirles que no hay nada raro en lo que están sintiendo, estamos normalizando sus emociones y les estamos haciendo sentir que no son unos ‘bichos raros’.

Algo que tiende a ayudar a los niños es decirles que recuerdas sentirte de esa misma manera cuando tenías su edad. Cuando mi hijo tenía unos ocho años, pasó por un período en el que los domingos por la noche le entraba angustia cuando pensaba en la semana escolar que tenía por delante. Al decirle que yo también me sentía así cuando era pequeña, él normalizó sus emociones y aunque no dejó de sentirse así, le parecía que no era nada raro y que no pasaba nada por sentirse así.

No dejes que tus sentimientos te controlen.

Hasta cierto punto, podemos controlar nuestros sentimientos. Esto se llama regulación de emociones y la mejor manera de hacerlo, es cambiando la forma en la que pensamos sobre lo que estamos sintiendo. Por ejemplo, si un adolescente se muda de ciudad porque su madre ha cambiado de trabajo, probablemente sentirá una mezcla de tristeza, ira y ansiedad. La mejor manera de controlar esos sentimientos es ayudarle a considerar su evaluación de la situación, algo que sí puede controlar. Podemos decirle que tiene dos opciones: Una es no  hacer nada y seguir sintiéndose mal. La otra opción es reconocer que aunque él no ha elegido mudarse, puede ser una nueva oportunidad para conocer una nueva ciudad, y hacer más amigos. Tenemos que recordar a nuestros hijos que podemos controlar cómo evaluamos las situaciones por las que estamos pasando. La situación que están experimentando puede no ser su elección, pero cómo evalúan esa situación sí es su elección.

Pongamos un nombre a ese sentimiento

Muy a menudo y especialmente en el caso de los niños pequeños, experimentan emociones pero no saben cómo nombrarlas. Es importante que les ayudemos a poner etiquetas a sus emociones porque los niños tienden a sentirse mejor simplemente haciéndo este simple ejercicio. El etiquetado de emociones también ayuda a los niños a entender la causa de esa emoción, y la próxima vez que se sientan de esa manera, comprenderán mejor lo que está pasando.

Así que, recuerda que es muy importante discutir emociones con tus hijos. Cuanto más hagas esto, más emocionalmente competentes serán tus hijos. No olvides que la competencia emocional es una habilidad super importante para tener en la vida. Cuanto más emocionalmente competentes sean los niños, mejor les irá en la vida.

Si te interesa este tema, tienes muchas más información en la masterclass de la Dra. Harriet Tenenbaum.

Espero que este artículo te ayude. Si tiene preguntas o comentarios, mándanos un email.

Un saludo,

Ana

Dr Ana Aznar

Con muchos niños ya de vacaciones y muchos otros a punto de empezar, los padres se enfrentan al desafío de cómo lidiar con ellos en casa mientras tienen que trabajar. Este puede ser un momento difícil y estresante, especialmente si no tienes familia o amigos para echarte una mano y no les puedes o no quieres mandarles a un campamento de verano. 

Estas son algunas ideas que te pueden ser útiles:

Establece expectativas y límites

Establecer expectativas es útil para que todos tengais claro cómo van a funcionar las cosas. Al principio de verano organiza una reunión familiar para decidir las reglas. Discute las expectativas (por ejemplo, organiza tu habitación, pon el lavavajillas, horas de salidas y llegadas…). Decidir juntos la estructura de los días para que los niños sepan qué esperar. Explica a tus hijos las horas durante las que estarás trabajando. Por ejemplo, “necesito estar en mi mesa sin que me interrumpais entre 9-12. Una vez que haya terminado, podemos ir al parque”. Hacer esto todos los días ayuda a sus hijos a manejar sus expectativas y les da estabilidad.

También es bueno tener unas reglas sobre cuando te pueden interrumpir cuando estes trabajando. Por ejemplo, “Sólo puedes entrar en mi estudio (o donde estés trabajando) si llaman al timbre o si te has hecho daño”. Evita decirles que entren cuando haya una emergencia, porque la definició de emergencia puede ser diferente para tí y para tus hijos. encia! Define claramente qué cuenta como una emergencia.

Establecer expectativas ayudará a tus hijos a estar más tranquilos si no estás con ellos, y es menos probable que tú te frustres si no respetan tus necesidades. A veces los padres nos agobiamos porque creemos que necesitamos llenar cada momento de la vida de nuestro hijo con experiencias “útiles”y les organizamos constatemente planes. Recuerda que también hay valor en que los niños de vez en cuando se aburran porque de esa manera, tendrán má oportunidades de desarrollar su creatividad.. De igual manera, es bueno que los niños puedan decidir con qué quieren jugar y cómo quieren jugar. Es bueno aprender y acostumbrarse a estar con uno mismo y esto no es algo que los niños aprenden si les organizamos cada minuto de su vida

Y recuerda, no te sientas culpable si estás trabajando durante las vacaciones de verano. ¡Estás haciendo lo que tienes que hacer y lo haces lo mejor que puedes!

Adapta tu horario a las necesidades y rutina de tu hijo (si puedes)

Si puedes, trata de adaptar tu horario de trabajo a tu hijo. Por ejemplo, si tu adolescente duerme hasta el mediodía, usa ese tiempo para trabajar y cuando se despierten, podeis comer juntos. Si tienes un bebé que duerme la siesta por la mañana y por la tarde, usa ese tiempo para trabajar.

Ten un espacio solo para tí (si es posible)

Trabajar mientras los niños están en casa puede ser complicado pero trabajar en la misma habitación que los niños definitivamente no es fácil. Si es posible, dedica un espacio en la casa que sea solo tuyo para trabajar y deja claro a los niños que no pueden entrar a menos que haya una verdadera emergencia. Si es posible, evita trabajar en la cocina porque  siempre habrá que alguien vaya a por agua o a picar algo.

Si tienes que trabajar con los niños en la habitación, animaless a hacer actividades que no sean demasiado ruidosas, como leer, hacer un puzzle o Legos… ¡Otra opción es que uses tapones para los oídos!

Relaja las reglas

Las vacaciones son el momento ideal para relajar un poco las reglas. No me refiero a volvernos locos porque los niños siempre necesitan orden y rutina (sobre todo los más pequeños) pero podemos relajarnos un poco. Por ejemplo, podemos dejarles jugar videojuegos un poco más de lo habitual, dejar que nuestro adolescente se levante un poco más tarde, o que nuestro hijo de 10 años se vaya a la cama media hora más tarde de lo habitual. Pero diles que estas reglas solo aplican durante las vacaciones. ¡De lo contrario, tus tropas pueden rebelarse cuando empiece el colegio!

Si relajas las reglas, comienza a volver a la ‘normalidad’ unos días antes de que el colegio empiece de nuevo para que tu hijo tenga tiempo de acostumbrarse.

Encuentra tu tribu

Dicen que ‘se necesita un pueblo’ para criar a un niño. Y es verdad. Si tienes amigos o familia con niños, ofréceles organizar turnos: llevate a sus hijos algunas tardes y que ellos se lleven a los tuyos otras. Si todos los niños están haciendo las mismas actividades, organizar turnis para llevarles y recogerles. Pregúntale a otros padres cómo se organizan, pueden darte consejos e ideas útiles.

Ten tus prioridades claras

Decide cuales son tus prioridades familiars y laborables durante el verano. Siendo realistas probablemente no tendrás tiempo para hacer todo lo que te gustaría. Así que decide lo que realmente tienes y quieres hacer y lo que puede esperar a después de verano, de esta manera evitarás sentirte frustrado y desanimado. Trata de ser realista con tu tiempo, no sé tú pero yo siempre soy super optimista con el mío. 

Planea y sé flexible. Si las cosas no están funcionando como habías planeado, sé creativo y piensa en otras soluciones o estrategias.

Y sobre todo… ¡Disfruta de tu hijo!

Las vacaciones son un momento en el que no tenemos que seguir un horario estricto y los niños tienen menos obligaciones. Por lo tanto, es menos probable que discutamos con nuestros hijos sobre los deberes ola hora de irse a la cama. Utiliza las vacaciones para charlar con ellos, divertiros, y hacer cosas juntos que os gusten a todos.

A veces, como padres caemos en la trampa de pensar que necesitamos estar siempre haciendo algo ‘útil’’ con nuestros hijos. Recuerda que también hay valor en ‘no hacer nada’. Pasar una mañana perezosa en la cama, ver una película por la tarde, o jugar a videojuegos juntos, son momentos valiosos. Durante estos momentos, estas fortaleciendo el vínculo con tu hijo. ¡Eso es muy valioso en sí mismo!

 Sea como sea que planees pasar el verano, te deseamos todo lo mejor para tí y tu familia. Ójala podais descansar y recargar pilas. Para cualquier duda o comentario, mándanos un email

Un abrazo,

Ana

Dr Ana Aznar

Photo credit: Nappy on Unsplash

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